Lo que a continuación se lee es una serie de párrafos realizados durante una clase de Psicología donde intentamos escribir sobre lo primero que se nos venía a la cabeza. Tal vez teníamos un énfasis en hablar sobre dos bandos contrarios a la hora de escribir: la planificación vs la improvisación en la misma tarea de escribir. Yo adopté la primera postura, y Adrián Palomo (http://anonimopalomo.blogspot.es/) defendía la improvisación pura y dura. He querido pues recordar aquella pequeña discusión, con el permiso de mi compañero en este mundillo, con lo que quedó de aquellos escritos.
En ocasiones tenemos la necesidad de escribir sin un guión fijo. Es decir, tenemos la conciencia dividida en dos por miedo a fracasar en nuestro intento. La primera parte de esta conciencia se refleja en el impulso de querer escribir, inconscientemente y sin un rumbo elegido; por otro lado, el pensamiento de saber que si escribimos de esta forma no conseguiremos ordenar las ideas, aunque sean vagas.La misión trata de escribir, no de pensar qué voy a escribir.
Cualquier sentimiento que intente expresar va a ser falso, y hoy no estoy tan creativo como para contar una historia que ya no conozcáis. Las metaforas y las imágenes lúcidas se marcharon. Pero debo seguir describiendo para expulsar el tedio y el estupor de mis dedos. Debo seguir escribiendo, (en forma imperativa) para no perder el coraje de enfrentarme a mi mismo y a la bazofia autopromocionada por la que trajino. Básicamente, gestionar el miedo al folio en blanco.
...¿y que deseas que escriba? Preguntó pensativa la tinta. Por que ésta tenía sentimientos, con falsos testimonios de lucidez y sendos trazos de inspiración. Aunque su negrura se discriminaba, porque pretendía exteriorizar ese estado de euforia de la cual antes se había servido tantas veces, y ahora le impedía derramar sobre la pantalla blanca; no conseguía batir a sus sentimientos, y volvía a preguntar: ¿deseas tal vez que dibuje tu pensamiento? La tinta no tuvo respuesta, sino que ella misma caviló y se debatió. ¿Y que pensamiento he de plasmar cuando tu no me animas a indagar en él? Y ésta lloró sin dejar coherencia.
“No soy yo el que te exige que escribas”, replicó el bic azul con cansancio estadístico, “es tu corazón, yo simplemente soy la marioneta, la excusa vana para explorar en ti, y que te conozcas mejor”. El autor quedó reflexivo, “¿realmente quiero conocerme o la improvisación, la sorpresa y la espontaneidad deben ser un factor con el que convivir? La respuesta fue un desfile de tres puntos suspensivos. No es tan fácil violar a las musas y ducharse de talento todos los días. Más bien nunca. Nunca estareis preparados para ser felices y auténticos ni para olvidar al mundo y sus influencias. Nunca jamás estaremos solos, aunque nuestro sentimiento es de sociedad e incomprensión del resto de congéneres. Nunca jamás huyas de las cosas nuevas, de la locura, y desprecia el morirse y envejecer día a día. Nunca dejes de ser tu.
Y esa es la diferencia de tu narrativa y mi poética, tus guiones y mis impresiones, mojadas de carpe diem al extremo. La planificación versus la improvisación; la similitud, el no saber el final de la historia.
Me incito a exponerte el producto de mi inspiración, vaga, a recordar, y una pizca de improvisación. Lo llamo metaescritura y no se dude jamás de su simplicidad y pesimismo, de su terquedad por comprender este ejercicio que nos concibe. Mi análisis radica en la escritura misma, en el manejo del cerebro para dar utilidad a un compendio de fonemas que, unidos y en armonía, creemos que nos dicen más de lo que en realidad pretenden contarnos. Si tentamos a escribir sobre un paisaje, nuestra imagen mental es dilucidar un bello horizonte, o en caso contrario, un sombrío cuadro de nubes negras y montes oscuros. En uno u otro caso debemos reconocer que su fin es proyectar una imagen. Es por eso que ésta escritura, y de ahí que mi pensamiento sea de actitud pesimista, no es más que una simple herramienta para esa proyección, para esa imagen, cada cual, según el lector, es diferente y espontánea, y con todo, subestimar (indebidamente, cierto es) a las palabras que unidas y aparentemente sin coherencia (desde la visión preliminar del texto a leer) pretenden, tan sólo, dirigir un pensamiento y utilizar la imaginación para truncar a la imaginación.
De como hablar sobre optimismo teniendo en mente lo mas pesimista, de como mirar al cielo sin destellarte los ojos una vez más, de como, al fin y al cabo, soñar despierto con la sabiduría y el conocimiento de uno mismo. Reza, pero no abuses, porque Dios deja de existir cuando te pones pesado; y si le vas a pedir algo, que no sea para ti, egoista.
Quiero mirar a ese frente, para redireccionarme, para encontrarme a mi mismo y decirle buenos días a mi sombra, volver a pisarla sin que se lastime por que no fijo mis pasos. Quiero encontrarme; deseo encontrar a ese yo que va y viene como ente nómada que me abandona. Ahora lo sé; ahora me veo...
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