De como hablar sobre optimismo teniendo en mente lo mas pesimista, de como mirar al cielo sin destellarte los ojos una vez más, de como, al fin y al cabo, soñar despierto con la sabiduría y el conocimiento de uno mismo. Reza, pero no abuses, porque Dios deja de existir cuando te pones pesado; y si le vas a pedir algo, que no sea para ti, egoista.

Quiero mirar a ese frente, para redireccionarme, para encontrarme a mi mismo y decirle buenos días a mi sombra, volver a pisarla sin que se lastime por que no fijo mis pasos. Quiero encontrarme; deseo encontrar a ese yo que va y viene como ente nómada que me abandona. Ahora lo sé; ahora me veo...

martes, 23 de junio de 2009

Boceto de un sueño


Una día soñé que me introducía en una habitación oscura y siniestra donde un claro de luna me delataba al entrar. En medio de cuatro paredes decoradas con dibujos bellísimos se hallaba un sofá anaranjado invitándome a sentarme. Tras acomodarme percibí ante mis ojos un lustroso armario de madera de roble donde relajado se encontraba un hermoso ramo de rosas en torno a un blanco gladiolo. El aroma de aquella habitación, lívido y formidable, penetraba mis nasales serenándome por completo. Estaba inusitado, el olor colapsaba en mi nariz una y otra vez.

Mi tarea en aquella habitación era sencilla: debía dibujar aquel ramo. A mi lado encontré una cómoda donde ante mi vista apareció un bloc de dibujo soportando un trozo de grafito. Lo agarré con pereza contra mi regazo y comencé a dibujar. De pronto, una balada hizo de banda sonora de mi tiempo y mi entusiasmo se acrecentó. No podía pedir más allí relajado, con mi bloc en las piernas dibujando el precioso ramo del cual emanaban sublimes olores, la musiquilla de fondo, la alegría regocijándose en mí. No, ¿qué más iba a pedir?

Inesperadamente, la música cesó y mi olfato dejo de funcionar. Un nudo se me formó en la garganta. Para colmo, el timbre había sonado. Pensé si era el teléfono, pero intuí que era la puerta y me levanté. Me había entristecido: ya no percibía aquel olor. Distraído, choqué con la cómoda, la que hizo caer mi bloc al suelo y fuese culpable de mí desvelo.

Cuando desperté, el rumor de la calle me atrajo: estaba lloviendo. No podía entender lo sucedido; en el preciso y mejor momento había sucumbido a alejarme de mi sueño.

Recapacité tras oír en mi interior una voz que me decía algo en lo más lejano de mi alma. Tenía la impresión de haber dejado a medias el sueño. No quería creer que el dibujo que estaba haciendo ¡solo estaba abocetado! Y pienso en muchas consignas sobre lo ocurrido. Tal vez deba volver a ese sueño, volver a colocar el bloc en mi regazo y seguir dibujando. No podía dejarlo así, con las marcas que aluden el esqueleto de las flores destellando en el papel. Y sigo pensando: tras meditaciones apoteósicas logro ver que cuando llegue hasta ese boceto, cuando sea capaz de terminarlo y sentirme feliz al ver mi éxito, eso querrá decir que se aproxima la hora de mi muerte.

Una extraña sensación de búsqueda conspira en mi interior. Cada vez que sueño tengo la entereza del sosiego de aquella habitación y siento además el lívido aroma de las rosas colapsando con mis nasales. El ramo, esté donde esté, me inspira temor a abandonar; quizá el olor floral haya recorrido las demás habitaciones, toda una mansión, todo un pueblo, una ciudad entera. Esté donde esté, el ramo quedará marcado en mi subconsciente para la eternidad.

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